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El gran reto de sacar adelante un tercer partido anti-Trump

WASHINGTON D. C., 11 feb (Reuters) - Un grupo de excargos republicanos que estudia la posibilidad de crear un nuevo partido político de centroderecha para contrarrestar la influencia del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, se enfrentará a grandes retos para cambiar un sistema político estadounidense que ha favorecido el bipartidismo a lo largo de su historia.

FOTO DE ARCHIVO: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, saluda a su llegada al aeropuerto internacional de Palm Beach, en West Palm Beach, Florida, Estados Unidos, el 20 de enero de 2021. REUTERS/Carlos Barria

Reuters informó en exclusiva el miércoles que más de 120 republicanos —incluyendo antiguos cargos electos, con miembros de la Administración Trump y de la de los expresidentes Ronald Reagan, George H.W. Bush y George W. Bush— se reunieron de forma virtual el 5 de febrero para discutir la formación de un tercer partido o una nueva facción de centroderecha.

Dos de los más prominentes republicanos anti-Trump en el Congreso —Liz Cheney, representante por el estado de Wyoming, y Adam Kinzinger, representante por el de Illinois— rechazaron la idea de un partido escindido en declaraciones a Reuters el jueves. Otros republicanos críticos con Trump expresaron un escepticismo similar, argumentando que un tercer partido lograría poco más que dividir los votos de los conservadores y ayudar a los demócratas en las elecciones.

La resistencia a formar un tercer partido entre algunos de los republicanos más duros en sus críticas a Trump subraya la extrema dificultad de tal revolución política. Tal esfuerzo requeriría alejarse de la enorme infraestructura política del Partido Republicano —personal, dinero, conexiones y datos sobre donantes y votantes— que llevaría años, si no décadas, construir desde cero.

Un partido nuevo también tendría pocas posibilidades de éxito sin un líder carismático que pudiera captar la lealtad de millones de votantes descontentos, dijo Alex Conant, un estratega republicano que fue asesor principal de la campaña de las primarias republicanas de Marco Rubio, senador por Florida, en 2016.

“Si alguien fuera a iniciar un tercer partido que fuera a ganar algo de tracción, sería Trump” y no sus oponentes, según Conant.

Kinzinger se unió a la videoconferencia del 5 de febrero del grupo anti-Trump y habló durante unos cinco minutos, dijo una portavoz a Reuters. Sin embargo, este congresista quiere “reformar el partido desde dentro”, dijo.

El representante por Illinois ha formado recientemente un nuevo comité de acción política para apoyar a los aspirantes a las primarias republicanas que se presentan contra los partidarios de Trump en la Cámara de Representantes, como Matt Gaetz, de Florida, y Marjorie Taylor Greene, de Georgia.

Un portavoz de Cheney dijo a Reuters en un comunicado que se opone a “cualquier iniciativa para dividir el partido”, diciendo que sólo facilitaría a los demócratas la promulgación de políticas a las que se oponen los conservadores.

Tanto Cheney como Kinzinger se encuentran entre los apenas 10 republicanos de la Cámara de Representantes, una pequeña minoría, que votaron a favor de la destitución de Trump por la acusación de incitar la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos.

Un resultado más probable de un movimiento anti-Trump sería que los republicanos moderados trataran de purgar el trumpismo de sus propias filas, dijo David Jolly, un excongresista republicano de Florida que recientemente abandonó el partido en protesta contra Trump y se declaró independiente.

Un partido de conservadores de centroderecha nunca podría crear una coalición lo suficientemente amplia como para ganar unas elecciones nacionales, dijo Jolly. Trump ha socavado eficazmente a sus oponentes más moderados entre los votantes republicanos, dijo, al ridiculizarlos como “Never Trumpers” y “RINOs” (Republicans in Name Only, “republicanos sólo de carné”).

“Es simplemente imposible escapar de la etiqueta ‘Trump nunca’”, dijo.

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Otros sostienen que sería mucho más difícil arrebatarle a Trump el poder sobre el Partido Republicano.

“No nos engañemos: no vamos a cambiar este partido”, dijo Jim Glassman, exsubsecretario de Estado con George W. Bush.

Glassman hizo una presentación de cinco minutos en la convocatoria del 5 de febrero abogando por un nuevo partido. Cualquier esfuerzo por recuperar el partido sería “un esfuerzo extenuante”, dijo a los participantes.

El jueves dijo a Reuters que considera que el Partido Republicano es ahora rehén de Trump, y sin posibilidad de reparación.

“Pensé que, si Trump perdía por 7 millones de votos, podría haber habido una oportunidad de hacerlo”, dijo en una entrevista. “Pero los acontecimientos desde las elecciones han dejado claro que eso no va a ocurrir”.

Preguntado el miércoles sobre las discusiones sobre la formación de un tercer partido, Jason Miller, un portavoz de Trump, dijo: “Estos perdedores abandonaron el Partido Republicano cuando votaron por Joe Biden”.

DIVISIÓN EN LA ESTRATEGIA

Glassman cree que hay suficientes donantes republicanos disgustados con Trump y dispuestos a financiar un nuevo partido. Cree que una nueva formación conservadora también podría atraer a tal vez una quinta parte de los votantes republicanos que desaprueban a Trump, junto con algunos independientes y demócratas.

Además, dijo que presentar candidatos de terceros partidos en las elecciones a la Cámara de Representantes y al Senado obligaría a los candidatos trumpistas a virar hacia el centro en las elecciones generales y atenuar la extrema polarización de los carreras.

Muchas de los presentes en la reunión virtual del 5 de febrero estuvieron de acuerdo con Glassman. En una encuesta realizada a los participantes, alrededor del 40% apoyaba la creación de un partido completamente nuevo, según una fuente con conocimiento directo de las discusiones. Alrededor del 20% estaba a favor de crear una facción dentro del partido republicano, y un número igual apoyaba la creación de una facción fuera del partido, aunque no estaba claro cómo funcionaría exactamente esa facción independiente.

Aunque no estaban de acuerdo en la estrategia, los participantes en la reunión dijeron que los asistentes coincidieron en la necesidad de organizarse y abogar por un retorno al “conservadurismo de principios”, que valora el Estado de derecho y la adhesión a la Constitución, ideales que creen que Trump ha violado.

Entre el grupo de la reunión del 5 de febrero estaba Elizabeth Neumann, quien fue directora adjunta de personal del Departamento de Seguridad Nacional bajo el Gobierno de Trump. Está enfurecida por el continuo apoyo de los legisladores republicanos a Trump tras sus afirmaciones sobre el robo de las elecciones, que ella había advertido en repetidas ocasiones —antes de los disturbios del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos— que podrían conducir a violencia. Ahora quiere apuntar a los legisladores que en las horas posteriores a la insurrección, que dejó varios muertos, votaron a favor de anular el resultado de las elecciones presidenciales, y está abierta a cualquier estrategia que pueda funcionar.

“Oigo argumentos de que deberíamos separarnos y formar un nuevo partido, o que deberíamos permanecer dentro del partido. Llegará un momento en que esto cristalice”, dijo Neumann a Reuters el jueves. “De momento, estoy más centrada en las personas individuales y en exigirles responsabilidades”.

HISTORIAL DE FRACASOS DE TERCEROS PARTIDOS

Históricamente, los terceros partidos han fracasado por lo general en las elecciones estadounidenses, sobre todo en las presidenciales, sirviendo a menudo más de aguafiestas que de verdaderos contendientes.

Theodore Roosevelt, un carismático héroe de guerra, había sido presidente en dos ocasiones anteriores, pero perdió en 1912 cuando se presentó como candidato del Partido Progresista —o del “Alce”, por el animal de su emblema—, quedando en segundo lugar, con más votos que el candidato republicano, en una carrera a tres bandas que finalmente ganó el demócrata Woodrow Wilson. Esa fue la última vez que un candidato de un tercer partido ganó más votos que alguno de los dos candidatos presidenciales de los partidos principales.

En fechas más recientes, el candidato más exitoso de un tercer partido fue el multimillonario tejano Ross Perot, cuya campaña autofinanciada del Partido Reformista en 1992 le valió el 19% de los votos en una carrera que ganó el demócrata Bill Clinton, quien desbancó al presidente republicano George H.W. Bush.

En otros casos, los partidarios de los candidatos presidenciales perdedores han culpado a los candidatos de terceros partidos de desviar votos. En 2016, algunos partidarios de la demócrata Hillary Clinton se sintieron frustrados por la candidata del Partido Verde, Jill Stein, cuyo porcentaje de votos fue mayor que el margen de derrota de Clinton en estados clave.

El senador republicano Rand Paul, preguntado por las perspectivas de que se forme un nuevo partido, dijo a Reuters: “Sería una buena manera de permitir que los demócratas ganen siempre”.

El senador republicano por Texas, John Cornyn, se rió cuando Reuters le preguntó por un posible tercer partido.

“Más poder para ellos (los demócratas)”, dijo.

Sin embargo, Cornyn predijo que la oposición compartida a la agenda del presidente Biden mantendrá unidos a los republicanos. Dijo que espera que la vida en el Partido Republicano vuelva a ser algo más normal en ausencia de Trump.

“Nos ha vuelto a todos un poco locos”, dijo Cornyn.

Información de Tim Reid, James Oliphant, David Morgan Y Joseph Ax; escrito por Brian Thevenot; editado por Soyoung Kim y Brian Thevenot; traducido por Darío Fernández en la redacción de Gdansk

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